TRÁFICO DE CADÁVERES Nos situamos a principios del siglo XIX, corrían años convulsos en las calles de la ciudad portuaria de Edimburgo. Eran muchos los que acudían a esta ciudad escocesa para probar suerte y encontrar un trabajo digno con el que poder subsistir. Por lo general un oficio como el de peón recaudaba una libra al mes aproximadamente, una cantidad austera que no llevaría a nadie a reunir fortuna.
Pero también estaban quienes sacaban tajada de forma ilegal, en este caso los que se dedicaban a robar cadáveres de las necrópolis para venderlos a los estudiantes de medicina y a las facultades. Un buen negocio que proporcionaba una paga nada despreciable; el salario de un peón correspondiente a seis meses, unas 6 o 7 libras esterlinas. Muchas mafias vieron el signo de la libra en los cementerios y comenzaron a “vendimiar” cadáveres a diestro y siniestro. Preferiblemente se robaban los difuntos sanos, fuertes y deportistas, si eran de poco tiempo mejor, pues el valor se elevaba considerablemente. Los cementerios comenzaros a escasear de lo único por lo que existían, los huecos vacíos se iban multiplicando a medida que pasaban los días. Hubo quien por miedo a ser desenterrado pagó grandes sumas para ser enterrado a más de cinco metros para evitar ser exhumado. Había que parar esto de alguna manera y el estado ubicó alguna torre de vigilancia en “camposanto”. El tráfico de cadáveres disminuyó pero no desapareció.
BUSCANDO FORTUNA De la bella y mítica Irlanda llegarían dos William que serían protagonistas de unos de los episodios más negros de Gran Bretaña. En busca de fortuna y una digna vida W. Brurke (1792-1829) y W. Hare (1790- 1860) se encontraron en esta ciudad escocesa e hicieron amistad. Este último se había casado con una viuda llamada Margaret, que regentaba una “indigente” pensión de nombre Tanner´s Close. Sus vidas trascurrían del trabajo a la casa, con tiempo para entre una cosa y otra tomar un vaso, o varios, de whisky y soñar con la buena suerte que algún día les acompañaría. Finales de Noviembre de 1827, en la posada uno de los escasos clientes fallece. Es un viejo militar que se va sin haber saldado cuentas, 4 libras, motivo que enfurece a los dueños del local. Es entonces cuando se acuerdan de unas actividades lucrativas que se vienen dando desde hace varios años en la ciudad y que algunos han bautizado como “resurreccionista”, ladrones de tumbas que asaltan camposanto para vender lo que otros han depositado con pena y sacrificio. Saben que existe un doctor que está dispuesto a comprar a buen precio un buen cuerpo que le proporcione conocimientos. Hablan con Burke y deciden llevar al cadáver a una dirección, en ella les recibe uno de los anatomistas más importantes de la ciudad, el Dr. Robert Knox, quien les paga por el botín, un cuerpo grande y fresco, 7 libras esterlinas con 10 chelines. Casi lo que ganarían trabajando seis meses. Los ojos se les iluminan, ven el negocio de forma inmediata, pero existe un problema, ¿cómo conseguir los cadáveres? Los cementerios estaban más que custodiados, hasta muchos familiares de los difuntos se turnaban para que no se llevaran a sus seres queridos. Estaba decidido: "los fabricarían".
EL BREBAJE DE LA MUERTE Idearon aprovechar la pensión para atraer a personas anónimas, foráneas, cuya ausencia pasara desapercibida para el resto. Muchas de ellas fueron personas mayores, preferiblemente enfermas, el modus operandi era el siguiente; se elegía al candidato y lo llevaban a la pensión donde lo emborrachaban. Una vez ebrio, como no podía presentar señales de violencia, lo asfixiaban con ayuda de un saco. Normalmente Hare sujetaba y Burke asfixiaba a la víctima. También participarían Margaret Hare y la novia de Burke, Helen MacDougal, las cuales realizaron tareas tan diversas como sujetar, limpiar, desnudar...
LOS ERRORES SE PAGAN Quién sabe durante cuánto tiempo hubieran seguido los asesinatos si Burke no hubiese metido la pata en varias ocasiones. Por un lado, con el bolsillo lleno de ensangrentado dinero, le gustaba pavonearse en los pubs más caros de Edimburgo y saciar su sed avariciosa con el mejor whisky de la ciudad. Su lengua en esas ocasiones no era lo discreta que uno esperaría en situaciones como esta. Además, el último crimen que realizó, no fue de manera “afortunada”.
El 28 de Enero de 1829 una muchedumbre se agolpa en la plaza del mercado de Edimburgo. No se recuerda a tanta gente en un acontecimiento similar. Se dice que la soga era de recorrido corto, el ajusticiado tardó en morir, sus espasmos llenó de entusiasmo al vengativo público que exigían justicia por tan atroces crímenes.
FINAL PARADÓJICO El cadáver de Brake acabó de la misma manera que sus víctimas. Alexander Monró, el sustituto de Knox, lo tuvo como primer trabajo y lo diseccionó públicamente. De su piel se fabricaron monederos y bolsos, también se forró un libro que hoy se encuentra en Museo del Real Colegio de Médicos y Cirujanos de Edimburgo. También su esqueleto, que recompusieron, se encuentra en dicho lugar. Paradójicamente Burke terminó formando parte de la ciencia a la que vendía los cadáveres de sus víctimas. Firmado: Mónica Marrero MDSS
En la Universidad de Edimburgo un anatomista de nombre Robert Knox no parecía afectado por estos acontecimientos. Su aula siempre repleta de alumnos gozaba de excelente energía en cuanto a cadáveres se refería.
De esa manera comenzaron a llenarse las arcas de este cuarteto. Comenzaron a buscar personas fuera de la pensión pues esta no era muy popular. Indigentes, prostitutas,.., cayeron en las garras de estas amables personas que les aseguraban una cama confortable y unas buenas copas de whisky para calentarse. Una de ellas fue una prostituta de nombre Patersson, realmente popular, que fue llevada al nº1 de Surgeon Square (facultad de medicina de Edimburgo), donde más de un alumno de Knox la reconoció por los servicios prestados.
La policía se pondría en guardia tras difundirse el pánico entre este sector que sufriría todavía algunas muertes más a manos de “los vendedores de cadáveres”.
Continuaron más muertes y desapariciones de personas mal escogidas, la alerta se avivó rápidamente que, junto a otros errores más, contribuirían a la detención de estos asesinos. También es asesinado un joven conocido como Jamie “el tonto”, el cual presentaba un ligero retraso mental y una cojera. Todavía fresco su cadáver, descansaba sobre la fría mesa del Dr. Knox, que al mostrarlo al alumnado, percibió la sorpresa de alguno que dijo saber de quien se trataba. Knox no sólo negó la identidad del muchacho sino que además trató de ocultarla realizando ciertos cortes y amputaciones entre cara y miembros, en especial la pierna malograda.
Un matrimonio se hospedó en la morbosa pensión, se trataba de los Grey. Esa noche Burke atrajo a una anciana con el mismo mimo que a tantas otras, pero esa noche eligió la habitación equivocada. La contigua a la del matrimonio que, sin pretenderlo, escuchó los ruidos que se sucedían a través de la pared, unos ruidos procedentes del forcejeo entre dos personas, la lucha no era disimulada. Al día siguiente los Grey no pudieron evitar investigar en la habitación de al lado, donde encontraron asesinada a Margorie C. Docherty, la que sería la última víctima de la pensión Tanner´s Close. Salieron apresuradamente del lugar, tras rechazar un dinero ofrecido a cambio del silencio, y se dirigieron raudos a la policía.
A partir de aquí todo sucedió muy rápido, los “Murders Inc.” entregan el cadáver a Knox, pero es demasiado tarde, enseguida dan con el cadáver. Además muchas prendas pertenecientes a otras víctimas son identificadas. Se resuelve el misterio de muchas de las denuncias por desapariciones que tenía la policía.
Los detienen e interrogan, cada uno tiene su versión y los Hare no pierden el tiempo. Saben que se enfrentan a la pena de muerte, negocian y venden a sus cómplices. Burke es sentenciado a morir en la horca por el asesinato de 17 personas. Hare fue puesto en libertad y lejos de Edimburgo trabajó en una fábrica donde, tras ser reconocido, es arrojado a un depósito de cal viva de donde sale ciego.
Robert Knox es desacreditado y expulsado de Edimburgo, se dice que marchó a Londres donde terminó ejerciendo nuevamente.
Margaret Hare y Helen McDougal se fueron a vivir a Irlanda y Australia respectivamente.


Muy interesante!!! En estas circunstancia sería lícito preguntarse el porqué de la mayor fama de Ripper. Realmente fueron 5 los asesinatos cometidos por el asesino de Whitechapel, estos sin embargo los elevaron a 17 y son casi unos desconocido.
Me ha gustado.
Saludos.
Hola HistoriasPasada!! La verdad es que existen varios factores para que esto haya ocurrido. En primer lugar la situación geográfica, Londres frente a Edimburgo. En segundo lugar la forma de los asesinatos, Burker y HAre los asfixiaban mientras que JAck los destripaba, le gustaba jugar con el bisturí, experimentar y demostrar sus habilidades con el instrumental que utilizaba con sus víctimas. Además, desafiaba a la autoridades enviándoles correspondencia, aunque se sabe que muchas de esas cartas eran de simples imitadores. Y lo más interesante del caso: su enigmática identidad y los posibles candidatos para desvelarla.
Son casos totalmente diferentes y en el caso de Ripper gana la morbosidad.
Un saludo y gracias por visitarme, Nicky
Interesante!!!!! Vaya caña!. Muy buen post. Me has dejado atónito....
A partir de ahora frecuentaré mas este blog. si, señor, te felicito..
Un saludo.
http://midiariodiscografico.blogspot.com