Un total de nueve ofrendas con múltiples objetos fueron descubiertas recientemente en torno al monolito de la diosa Tlaltecuhtlil, como parte de las excavaciones arqueológicas que realiza el Proyecto Templo Mayor, en el predio Ajaracas-Campanas, del Centro Histórico de
Entre los objetos hallados destacan cuchillos de pedernal, cuentas de piedra verde y esqueletos de aves rapaces, entre otros depósitos rituales asociados a la gran escultura de la deidad terrestre.
Estos fueron encontrados en el lapso de marzo de
El director de este programa de investigación científica, Leonardo López Luján, dio a conocer que hasta el momento sólo se conoce el contenido de seis de las nueve ofrendas, toda vez que las últimas tres se detectaron en fechas muy recientes.
Las mismas serán exploradas en las semanas subsecuentes, conforme avancen las excavaciones, difundió el INAH mediante un comunicado.
"Con estos hallazgos hemos podido definir dos áreas de depósitos rituales. Por un lado, la suroeste, relacionada al piso de la plaza, donde se encontraron las ofrendas designadas con los números 115, 117, 119 y 120", precisó el arqueólogo.
"Por el otro, la central, asociada directamente al monolito y donde aparecieron las ofrendas 118, 121, 122, 123 y 124", agregó López Luján, quien destacó que tan sólo de la ofrenda 120 se han recuperado hasta el momento más de 600 objetos.
El próximo 1 de marzo este mismo impartirá la conferencia "Excavaciones arqueológicas recientes en el área del Templo Mayor", como parte de las actividades académicas organizadas por el 30 aniversario del hallazgo de
Refirió que el descubrimiento de las nueve ofrendas ocurrió en el marco de la séptima temporada de campo, que inició en marzo del año pasado y que podría concluir en 2009 o 2010.
"Una de las ofrendas más ricas e interesantes es la 120, donde la arqueóloga Osiris Quezada y su equipo, han registrado hasta ahora una vasija Tláloc, 335 cuentas de piedra verde, 87 cuchillos de sacrificio de pedernal, seis punzones de hueso, una máscara-cráneo y 67 piezas de copal, entre otros objetos", expresó.
López Luján detalló que por otra parte, las biólogas Norma Valentín y Aurora Montúfar han identificado los esqueletos de 12 águilas reales, dos ibis pico de espátula y un lobo, así como semillas de algodón, chía, amaranto y calabaza.
Asimismo, continúo, en el espacio donde se localizó en octubre de 2006 el monolito de la diosa Tlaltecuhtli, el equipo de la arqueóloga Ximena Chávez hizo el hallazgo de la ofrenda 121.
Esta contenía barras de copal, punzones de hueso para el autosacrificio, cuentas de piedra verde, plumas carbonizadas y abundantes restos de pencas de maguey.
Sobre el significado de estos hallazgos correspondientes a la sexta etapa constructiva del Templo Mayor, comentó que datarían del reinado de Ahuítzotl (1486-1502 de nuestra era).
En otra información, en lo que respecta a la excavación del hueco que hay en el sitio que ocupaba el monolito de Tlaltecuhtli y que podría esconder una cámara funeraria, López Luján señaló que la tarea comenzó hace una semana luego de la conclusión exitosa de la perforación de varios pozos que permitirán abatir el agua freática
que impera en el subsuelo.
"El máximo obstáculo de las labores arqueológicas en el Centro Histórico, desde 1790 hasta nuestros días, ha sido la presencia de un manto freático muy superficial y que además está contaminado con aguas residuales. Hay que recordar que trabajamos en una antigua cuenca lacustre, exactamente en el corazón de la isla de
Tenochtitlan-Tlatelolco", acotó.
Refirió que con la perforación de los pozos se intenta solucionar de raíz ese problema en el predio Ajaracas-Campanas, por lo que se contrató a la compañía Colinas de Buen, cuyos expertos han intervenido en varios edificios del Centro Histórico, entre ellos
Luego de que el pasado 5 de noviembre se trasladó la escultura de Tlaltecuhtli a la calle de Argentina para iniciar su restauración integral, y haber controlado el problema del nivel freático, el equipo de arqueólogos del Proyecto Templo Mayor retomaron este mes de febrero las excavaciones en este punto.
Fuente: jornada.unam.mx/
Fotos: multimedia. exonline.com


cada dia me pillo mas a tu blog.
un abrazo amigo.
Hola Pepe, muchas gracias.
Un abrazo, Mdss
Autor: raymundo rosales villegas
Hay algo que es importante decir. Tenemos que tener muy en cuenta cómo se percibe la palabra dios, oro, puercos, mundo, tierra, cielo, etc. ¡Solo hemos venido a vivir una vez! No es cierto, no es cierto, que vinimos a vivir en la tierra. En la tierra no hay felicidad, sólo hay pavor, y lo más pavoroso de lo pavoroso es el hombre. El hombre no es nada o más bien ‘es’ nada, desde la nada comprende su ser como ser mortal: el pasado, el presente, el futuro, son inciertos. La única verdad que se muestra a nuestro ser es que vamos a morir, pero de nuestra muerte nada sabemos, es decir, no podemos morir y después hablar de ella… Nos sobrepasa.
La ‘verdad’ no es un hecho, una explicación, o una correspondencia, la verdad es un acontecimiento, como lo que ya habíamos dicho sobre cómo, desde que se nace, se está presto para morir. Todo lo que acontece supone una decisión de culminación. Desde que nacemos, nacemos con la muerte. Morir tiene que ver con nuestro inicio. Si nacemos mortales, lo único que hacemos al morir es culminar lo que desde su inicio comenzó. Igualmente la historia, la historia surge, decíamos, como una planta, como un hijo del vientre de la madre, etc. El acontecimiento es venir a la existencia desde la nada. Es decir, lo que sucedió ya sucedió, según la necesidad. Es muy fácil perderse por estas vías del pensamiento, erramos, erramos, y lo que queremos es sembrar, dar a luz, o hacer dar a luz, cosechar.
Decíamos que la ‘verdad’ no es un hecho, o correspondencia, o enunciado, sino un acontecimiento. Y como acontecimiento la comprenden los poetas aztecas: “dicen que lo que es verdad no es verdad”. Es decir, la verdad siempre es un evento que se oculta y a la vez se desoculta. Lo divino se esconde, sólo se muestra en las flores pero buscando entre flores nada hay. El sentido trágico de la existencia implica la dualidad de la verdad. Por ejemplo, hemos referido la tesis de que Coyolxauhqui impera sobre la voluntad humana. Tenemos que hacer un esfuerzo para no comprender a los dioses desde nuestros prejuicios bien y mal del cristianismo. Es difícil porque no sabemos cómo o qué.
La diosa es, como los dioses, arbitraria. No está de parte del típico hombre bueno, aquí no estamos hablando del cristianismo. Sino de poesía. Es por eso que, cuando decimos que el mundo se llena de oscuridad no tiene nada que ver con el ‘diablo’, sino con la determinación del hombre en la tierra. Y, sobre ello, los poetas lo dicen ‘necesariamente’.
Van a tardar siglos antes que la poesía determine los acontecimientos de la historia. Nuestro trabajo, por tanto, es un proyecto que nunca acaba, el proyecto es llegar a ser, qué importa si es de aquí a 1000 años, nuestro futuro podemos verlo ahora: des-ocultándose la noche. Por un lado la diosa se nos descubre, por otro lado la diosa se nos oculta. La luna es como la verdad, una mujer. Se nos descubre como un monolito, una escultura, una pieza arqueológica que revolucionará la historia, etc., y se nos oculta de la manera en cómo los aztecas la adoraban o cuál era su rito, etc., pero parece ser que estas apreciaciones tienen que ver con nuestra formación moderna. Sinceramente con ellas nos acercamos muy poco.
Cuando vemos a los aztecas con nuestro ojo moderno echamos todo a perder. Nuestra gramática no puede ver más allá del ver, oír más allá del oír. Cuando abordamos el problema desde nuestra perspectiva moderna, lo único que decimos es que la cultura azteca es una cultura más entre otras y que tenía valores universales y maravillosos. De ahí, se intenta reconstruir lo que creemos que pasó siendo lo más objetivos que podamos.
Pero, ¡como decíamos! el asunto es el hombre sobre la tierra y bajo del cielo, es la existencia, es la verdad, es lo divino, es la muerte, es el dolor, es la amistad, es el diálogo, es el sol, es la noche, es el viento.
Cuando la diosa de la noche se nos descubre, sucede como con la mujer, como con la verdad. ¿Cómo se nos desnuda una mujer? Podríamos decir que de muchas maneras, pero la originaria es ‘el canto y la flor’. En nuestros días el hombre no sabe conquistar, sólo sabe hacer simples negocios con su vida. Igual la mujer, no quiere ser conquistada quiere ser comprada. La mujer, en nuestra época, es “voluntariosa”, es decir, quiere el mando, quiere determinar, quiere decidir. Por su parte, el hombre cae en el cansancio y en la vorágine de sus “neurosis”, de su ciencia, de su diversión. La neurosis es una enfermedad moderna de berrinches mujeriles, el hombre es algo parecido a una “gatita gruñona” y a veces vengativa. El hombre tiene carácter femenino se comporte como se comporte. Y mientras lo femenino determine los asuntos del mundo, el hombre se hallará en la oscuridad.
¿Cómo se mueve la diosa luna, cómo se mueve la noche, al viento? En época de peste, como la nuestra, con cantos, con flores. Para que la luna ‘hable’ tendríamos que descubrir el canto. La poesía es lo más común pero la hemos olvidado. La poesía es nuestra lengua primitiva, creció como una flor, involuntaria, sólo bajo las resoluciones de la necesidad. La necesidad obra cuando tiene que ser, no cuando actuamos voluntariosos queriendo mostrarnos como fuertes, determinantes, de mucho carácter, como nuestros padres, etc., siendo esto, somos un hombre moderno, el hombre moderno es aquel que ‘tiene el su mano al universo’, el que, manipulando la materia, ‘crea’ vida, el big bang, etc. Altanero fue, pero el tiempo lo pone en su sitio, según la necesidad ―esto último lo aprendimos de los griegos y de los aztecas.
La necesidad mueve hasta los dioses mismos, y el canto nace con la misma necesidad con la que nace una flor, imperceptible, lento, como el caminar de la paloma, invisible, como el viento, impalpable, como la noche.
Sin embargo, para que eso suceda tendrán tal vez que pasar muchos siglos, que en el tiempo son días, instantes. El hombre de la época está aturdido.
Lo originario: la poesía, el evento. El errar: un destino, los españoles, el cristianismo, lo abominable. La necesidad: la ciencia, un ateo, un voluntarioso. Si más o menos entiendo, la época moderna toma el lugar del Dios cristiano. El hombre moderno hace gala de su poder y conquista la tierra. Conquistar es un término muy delicado, por eso mejor destruye o devasta la tierra.
Al caerse el cristianismo en esta época de la técnica, surge el moderno imperando con sus máquinas, esas máquinas relativizan los rostros, los corazones. Es cristianismo los homogenizaba, absolutizaba. Pues bien, la moral cristiana era una catástrofe para la existencia. Si de por sí, la tierra es un lugar de mucho dolor, y luego todavía como cristianos inventamos un infierno…
A lo que voy es a que el hombre moderno ha sido necesario para acabar contra el cristianismo y así pensar en la chance de un proyecto poético pensante, como el de nuestro príncipe trágico Nezahualcóyotl y su ‘dios desconocido’. Pero, comprender a la modernidad como un evento necesario para sustraerse de la doctrina judía o platónica, es un movimiento, vale decir, en el que puede estar en riesgo la humanidad entera. El hombre moderno se arroja a la conquista de la tierra o del universo entero, pero en esa conquista también es posible una devastación mundial, que es lo más lógico.
Como católicos modernos, hemos matado al catolicismo. Creíamos en un dios del ‘más allá’, sin sufrimiento, sin muerte, etc., pero, ahora eso ha pasado. Ya no tenemos ningún Dios y sólo ‘tenemos tiempo’ para la central técnica o económica que nos manda. Al caerse ese Dios cristiano, como modernos estamos resueltos a conquistar el cielo y la tierra. Pero, cuando decimos cielo nada tiene que ver con lo divino, el cielo para el hombre moderno sólo es un lugar para sacarle provecho o para sentirse bien, o para objeto de estudio. Pues bien, este hombre sin Dios ha sido necesario para librarnos por fin del cristianismo, un cristianismo que no daba señales de caducidad. Este hombre es al que nos referimos cuando decimos que anda torcido haciendo de la vida un negocio, o sea, todo lo que hacemos nosotros diariamente. Este hombre ha roto con el cristianismo y en eso tiene su bendición, pero, la tarea que nos proyecta lo poético es grande. A lo mucho que podemos aspirar habiendo matado el cristianismo, es a ser, como decíamos, unos PITZOME, es decir, ‘unos puercos de la tierra’. Es decir, es mejor, en todo caso, ser unos puercos de la tierra que unos seres artificiosos que nada tienen que ver con la existencia. El cristiano refiere todo “lo contrario” a la poesía pensante de los aztecas o los griegos. El católico o cristiano está proyectado hacia un paraíso, la vida eterna y la paz. Por su parte el hombre moderno está inserto en el poder que extiende sobre la tierra, su querer es ‘voluntarioso’, pero ya no refiere un mundo más allá, su ciencia también nació de los griegos pero desde el error. Así, pues: ¡que importa -dice Zaratustra- adelante! Si el precio que se tiene que pagar es ser un puerco de la tierra el hombre moderno lo está haciendo al pie de la letra: se revuelca en el lodo pensando que son riquezas. Dice el pensador Nietzsche: Jugamos con la carta de la verdad, la humanidad puede estar en juego, pues, ¡adelante!
nota bene: la verdad es como la raiz de de un árbol, el árbol es sostenido por algo que no está ante los ojos.
Fecha: 20/09/2008 03:49.
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Autor: Mtro. en Filosofía: raymundo rosales villegas
En verdad que la diosa luna: “La de los cascabeles en las mejillas”, no la descubrió ningún hombre, ella misma nos descubrió en su noche, en la-noche-del-mundo-de-las estrellas.
¡No hay nadie, no hay nadie! –grita alegre el dios Tezcatlipoca en la encrucijada,
es decir, en la “calzada de los muertos”, donde está destinado el pasar y el estar del hombre. La calzada de los muertos es la calzada de los vivos, siendo lo mismo: el encuentro de la luz del sol y la noche de la luna. Con su luz, el sol la toma; con la luz del sol, la luna se embellece, y cuando se embellece. ¡Nos hipnotizan sus cascabeles!
La luna se da
sólo cuando el sol la toma:
y esto es el amor.
que yo sea
que tú seas
que él sea
que ella sea
que nosotros seamos
que ustedes sean
que ellas sean
que ellos sean
Amen. Amén.
Fecha: 19/09/2008 22:19.
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Autor: raymundo rosales villegas
¿Qué quiere decir: ¡Coyolxauhqui me eligió a mí!?
Sin duda podemos decir bastante, pero una de las cosas que podemos referir es preguntarse quién es Coyolxauhqui en esta época de penuria, ¡…porque somos menesterosos! dicen los poetas.
Recordando, lo más o menos cercano. Uno es recordando a Moctezuma cuando le dice a los enviados de los dioses algo así: “Hace días pensaba en la Región de los muertos, pero ahora tú has llegado de entre la niebla, de entre la noche”.
La luna, en una de sus infinitas fases, le arranca el rostro, le arranca el corazón al hombre en la tierra. Este hombre está entregado a los apetitos de la noche.
Yo soy un destino, en el caso de que Coyolxauhqui me haya elegido a mí, porque soy un poseído, como un hombre “conejo” que va por donde él quiere. Como un hombre que se evade él mismo de lo divino. Si quiere jadear, jadea; si quiere estudiar, estudia; si quiere contestar el teléfono y trabajar horas extras.
Otra es aquel hombre que da la noticia y que viene del la costa: sin orejas, sin dedos de los pies…
Como un incompleto, como un destazado…
¡Cuidado con lo que decimos!
Aunque ya en lo que hemos escrito hemos referido algo muy distinto de esto…
Fecha: 20/09/2008 00:14.
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Autor: raymundo rosales villegas
Es absurdo que se hable de la grandeza del pueblo azteca y no existan seminarios especiales: I, II, II, IV, V, VI, VII Y VIII, de poesía azteca en filosofía, en tronco común, en antropología, en danza, en teatro, etc. Enarbolamos a los ‘antepasados’ y no somos capaces de comprenderlos ni siquiera un poco. En prepa o bachilleres, que las calaveritas sean mejor poemas recitados.
El hombre ‘se vuelve’ de nuevo a la tierra, donde sólo una vez se vive, o se sueña que se vive. Hemos dicho que es una degradación de los poemas aztecas las ‘calaveritas’ famosas, sin embargo ahí están, como los danzantes… Estos van a las iglesias, conceden fiestas religiosas cristianas, por qué, no sabemos. Es inútil tratar de enseñar lo que los poemas intentan decir. Cuando comprendemos lo esencial del lenguaje poético lo que menos tenemos que intentar o desear es querer cambiar el mundo. Cuando se tiene este deseo revolucionario (latinoamericano, marxista, humanista, católico, socialista, existencialista, idealógico, científico) se echa todo a perder. Porque precisamente lo que nos muestra la poesía es un lenguaje originario, es decir, un lenguaje que por primera vez determina la situación del hombre en la tierra, no un lenguaje autoimpuesto, como nuestra gramática moderna que calcula, disecciona, objetiva, especula; y que está a punto de devastar la tierra, aunque de esto todos hagan caso omiso. Cómo es posible que la ciencia y la tecnología no descansen en su tarea de destruir el mundo. Ni los hombres mismos podrán evitarlo porque, decimos, están determinados por la tradición, por el espíritu de salvación, de investigación: no hay ningún problema que el hombre crea o no crea en un Dios, por, ejemplo, mientras se dedique a lo científico. El ‘hombre’ no importa, todo lo que es un hombre se olvida cuando las investigaciones, el método, los resultados, las publicaciones, los enlaces, etc., etc., se llevan a cabo.
El lenguaje se mueve; si hay por ejemplo una o muchas contradicciones en lo que hemos dicho, lo importante es no intentar debatir para refutar, sino intentar comprender de lo que se trata. Si decimos, por ejemplo, que los científicos meramente ven lo “material”, lo que se puede medir, calcular, apoyar, etc., no nos estamos refiriendo a esa vieja oposición entre lo material y lo espiritual, esta dicotomía ha pasado a ser “superada”, en el sentido de que uno ya no se comprende ni en la objetividad científica ni el ‘más allá’ cristiano. Si usamos las palabras materialmente, materia, etc., sólo es para darse a entender, es decir, que el lector no se pierda y sí se imagine tan siquiera un poco de lo que se trata. Nosotros lo estamos intentando. Aunque seamos modernos, somos católicos, no podemos evitarlo, sin enbargo…
Hablando de contradicciones, el lenguaje poético lo único que nos enseña es a escuchar, a hablar, ha dialogar, a diferenciar. Realmente nos pone en nuestro lugar porque es un canto prestado, del todo nos vamos. Sólo los cantos permanecen. Nosotros morimos.
El lenguaje poético nace como nace una flor, brota como brota un fruto, inspirado por una necesidad que determina todo saber o conocimiento humano. El lenguaje poético comprende a la verdad como acontecimiento, no como conocimiento.
Coyolxauhqui nos descubre en su noche, sin embargo, Coyolxauhqui es una diosa, terrible, como la tierra, pero una diosa al fin. Es por ello que la noche en la que estamos sumergidos nos marca el residuo divino de la existencia. Por tanto, la noche de Coyolxauhqui, es la noche sagrada de los dioses huidos. Esta noche sagrada es nuestra.
Fecha: 22/09/2008 21:36.
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Autor: raymundo rosales villegas
La luna es un espejo. El hombre un reflejo. El reflejo es un ‘conejo’. En época de oscuridad, es decir, en la época en la que los dioses han huido, los hombres se reflejan desmembrados: el hombre no atiende el derecho sagrado de los dioses. Eso es todo.
Sólo se alcanza a vislumbrar acaso un poco el hombre azteca cuando hemos roto de una manera determinante con el cristianismo y el cientificismo moderno. Decimos determinante porque en nuestra época mundialmente las religiones y las ciencias se relacionan para darse un sentido, están ávidas de ello.
Por un lado el cristianismo dirige su mirada al ‘más allá’ y por otro lado el cientificismo marca la ‘objetividad’. Los dos aspectos marcan algo insólito: el ‘más allá’. La objetividad lo marca en el sentido de que separa el mundo del hombre. Tiene la creencia ‘inmadura’, o ‘infantil’ de que el mundo puede existir aunque no existan seres humanos, es decir: la ciencia sostiene que el mundo tiene o puede tener existencia independientemente de los seres humanos.
Con base a experimentos, pruebas, resultados, investigaciones, métodos, conclusiones, etc., la ciencia especula el origen del mundo o de la vida. No se da cuenta que puede referir a esos experimentos, resultados, etc., sólo gracias a que ‘ahora’ ya existe el pensamiento científico, pero que para que existiera el pensamiento científico tuvo que haber ocurrido ya que el conocimiento científico haya surgido en la existencia. Es decir, por miles de años el hombre de distintos lugares de la tierra ha hecho experimentos que ahora es posible llamarlos ‘científicos’. Los chinos, los mayas, los egipcios, etc., decimos que hicieron grandes logros o que ya conocían ciertas cosas que los hacen ver como civilizaciones avanzadas. Sin embargo, ninguno de ellos impuso lo que hoy un científico podría decir que es la ciencia. Los únicos a los que se les develó la necesidad que oculta el mundo han sido a los griegos. Grecia es la cuna de la mundialización, de la occidentalización del mundo, es decir, del mundo de la técnica.
Pues bien, si existe lo que hoy llamamos ciencia es gracias a que en algún momento ocurrió. No es ninguna casualidad que todos los países del mundo hayan establecido en ellos mismos la estructura occidental: sus instituciones, sus métodos, sus enseñanzas, etc. El camino de la ciencia no debe comprenderse como evolución, sino como acontecimiento. Es posible que se diga que el hombre actual es más evolucionado que Pitágoras o Platón sólo porque el hombre actual ha inventado el celular, las naves espaciales, o las bombas de nitrógeno, pero eso es un error esencial: en los griegos se develó el pensamiento gracias al cual nosotros nos comprendemos (el logos) ―no se piense que tenemos una estructura científica o unas categorías en nuestro mundo o en nuestra cabeza. Por primera vez surgió en Grecia un pensamiento que violentó a los años futuros a los que nosotros llegamos. No fue, como se suele decir, ‘poco a poco’ que hemos avanzado en el conocimiento hasta nuestra época. Sino que de momento surgió, y sólo así puede surgir la historia. Pensar así es pensar.
Los griegos inauguraron el pensar tal como hoy día se ‘percibe’ en el mundo (sólo que de distinta manera). Cuando nosotros llegamos al mundo ya lo había inaugurado Grecia. No fueron los chinos, no fueron, los árabes, no fueron los egipcios, no fueron los mayas, etc., a pesar de que podríamos decir, visto desde la evolución, que ellos eran avanzados en algunas cosas. Gracias a lo que ocurrió en Grecia es posible en la actualidad especular sobre el origen de la vida o demostrar que las aves guardan su origen los dinosaurios. La ciencia en nuestros días es la misma que los griegos inauguraron, sólo que de distinta manera. Los griegos violentaron a la necesidad misma que los sometía y violentaron la necesidad miles de años al futuro, y nosotros somos ese futuro…
Es bastante difícil hacer comprender esta ‘postura’ ya que, si algo nos impide comprenderla, es nuestra tradición católico moderna del mundo (aunque no seamos católicos parece que sólo por tradición, traición, o estupidez lo somos). Para comprender a los griegos primeramente se tiene que querer ‘comprender’, no neciamente aferrarse a lo que ya se sabe. Porque lo que ya se sabe es lo que determina nuestro comprender, y si no se quiere romper de raíz es inútil todo diálogo profundo. Tenemos que querer y, ya queriendo, esperar para ver si podemos dar a luz…
Lo que sucede con los griegos es que éstos impusieron cierto ‘debate’ sobre el conocimiento que nadie en el mundo pudo hacer, es por eso que si la historia tiene un comienzo sólo lo puede tener en Grecia. Si, por ejemplo, en la actualidad los chinos toman el lugar o el poder de los Estados Unidos y sigue con el capitalismo, no habrá diferencia entre occidente y oriente. El mundo tomó el carácter griego y no lo pudo evitar porque está escrito con la tinta de la necesidad. Para que se entienda: la necesidad es un poder que está por encima de lo que los humanos podrían llamar necesidad, ley, objetividad, etc. Aunque ya se sabía, T. Kuhn ha referido que la ciencia obedece sólo a paradigmas y sólo obedecen a su propia lógica, holismo.
Lo único que nos diferencia a los hombres de la época con los antiguos griegos es que nosotros amamos la seguridad, el deleite, el poder, la estupidez, lo pequeño, etc. De ‘esto’ es de donde nos inspiramos para nuestro hacer con el mundo. Por su parte, en Grecia el pensar mismo nació de una indigencia y ala vez de una superabundancia ‘extrema’. Los griegos antiguos tocaron a la necesidad misma que violentó a la misma historia, la violentó al grado que la pudo llamar historia, no es una casualidad que nosotros usemos la palabra historia. El pueblo de Grecia, dice Nietzsche, un día lo conquistó. Es por esto que cuando se remite a los griegos como ‘fundadores’ de la historia de occidente, no nos estamos refiriendo a una postura más, por ejemplo diferente de los chinos o los árabes, sino que nos estamos refiriendo a lo que “es”.
Ahora bien, la existencia griega atraviesa al mundo entero. Determina, por ejemplo, nuestra manera de acercarnos a los aztecas, nuestro cristianismo y modernidad nos impiden a la vez acercarnos no sólo a los griegos (del cual dependen estos), sino a los aztecas mismos. Los griegos y los aztecas han salido a luz como pueblos históricos que han alcanzado por primera vez la verdadera grandeza. Fue necesario, es necesario, y será necesario el nihilismo, porque sólo por el nihilismo es posible o ha sido posible alcanzar un inicio.
Ese inicio, para México y para el mundo, se llama: poesía azteca. Nuestro futuro depende de ello, ya que nuestro futuro mismo se delimita con base a lo originario y lo originario que es la poesía azteca. Lo originario es la base, pero esa base a la vez tiene otra ‘base’: la nada, el mundo de los descarnados, la mortalidad, la menesterosidad, la niebla. La existencia tiene dos rostros: el de la carne y el descarnado. Si comprendemos eso, es porque comprendemos que el evento de la muerte nos sobrepasa, por tanto la existencia es aquello a lo que estamos destinados y, siendo así, la existencia es la propia muerte, por eso nuestro destino es existir o morir que es lo mismo. La muerte se vive, la existencia se muere.
Lo que abre, abrió, abrirá, la llave del nihilismo es, no sólo una desvalorización de valores tal como la refiere el pensador Nietzsche, sino a un comprender que esa desvalorización es de nada, al comprender que era nada, entonces el absurdo se torna con color porque nos hace remitirnos a lo auténtico, que no tienen que ver con la religiones o a la ciencia o a algo parecido. Lo auténtico o lo originario es como nosotros: existimos paradójicamente para morir. Somos, pero ya traemos con nosotros la nada. Somos y no somos a la vez. Nuestra raíz de la existencia alcanza hasta lo más profundo: la Mansión de los muertos.
Al comprender que el cristianismo y la modernidad son puros malentendidos y que no hay porqué sentirse angustiados ya que ni hay paraíso ni hay progreso, respectivamente, entonces no hay más que remitirnos ‘necesariamente’ a la poesía porque sólo la poesía marca nuestros límites como seres que habitan en la tierra. La poesía es el lenguaje originario donde el hombre se llamó por primera vez hombre, donde los dioses se llamaron por primera vez dioses. El canto guarda la raíz esencial del hombre con los dioses, del hombre consigo mismo, del hombre con el hombre, del hombre con el mundo. Si lo no tomamos en consideración, es porque por nuestra propia cuenta nos sumergimos en el chile.
Tal vez sea una exageración, esto de exaltar o de corresponder la existencia griega con la azteca, y remitirlas al sentido trágico de la existencia, pero, así está dispuesto. Decir que, la historia de Grecia es la historia del mundo, sólo es referir a la existencia que se descubrió o surgió por primera vez en la poesía y la filosofía. Es sólo referirse el existir mismo. Es por eso que la poesía azteca o la poesía griega, de algún modo y desde ellas mismas, tienen en cuenta no un país o una región sino al hombre sobre la tierra y bajo el cielo. La poesía de los aztecas es una poesía originaria y, sólo por eso, es una poesía necesaria. Es decir: está llena de futuro.
Que nuestros proyectos se midan considerando la Región de los descarnados y la Región de los divinos, porque sólo así el hombre hace justicia con su ser en la tierra. Si consideramos nuestros proyectos sólo en el tiempo ínfimo en el que posiblemente vivimos (que son como 100 años exagerando), no cosecharemos más que lo que se ha cosechado desde la huida de los dioses, con los griegos desde los presocráticos o los poetas trágicos Esquilo y Sófocles, o con Moctezuma y los poetas aztecas: sólo amargura, indiferencia a lo divino, culto a la nada, a la niebla.
Nos proyectamos desde nuestro futuro, y lo que vemos es a un hombre siendo hombre y lo sagrado guarecido por su secreto siendo sagrado.
Fecha: 26/09/2008 20:42.
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Autor: raymundo rosales villegas
Qué pasa.
ay, una mujer,
Se le mira la pierna,
ay, la otra pierna
Se le muestran sus pechos
Su espalda,
un brazo,
ay, otro brazo,
ay, sus ojos,
ay, sus labios…
su aroma…
Qué pasa.
muchos atavíos,
quiero acariciarla,
quiero tocarla,
¡ay! sangre,
Aquí,
allá, atrás,
¡ay, la muerte!,
la desgracia.
Una mujer,
son dos cabezas de serpiente,
entre ellas se muerden,
confunden,
Una mujer,
se maquilla,
es una sonaja para el hombre.
Coyolxauhqui es una mujer desnuda, su aliento nos seduce, nos muerde, nos engulle, parte por parte... Acaso hay alguien que no haya escuchado jadear a una mujer. La diosa luna respira agitadamente por su boca. Pero todas sus caricias, cuando a ellas estamos ‘vencidos’, abandonados, nos prometen desgracias. Detrás de de la diosa, se nos asoma la muerte… anda, ¡acércate!
Fecha: 01/10/2008 22:02.
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Autor: raymundo rosales villegas
En época de oscuridad, donde la diosa Coyolxauhqui y sus 400 hermanos han abrazado a la tierra entera, los hombres no son dueños de un rostro y un corazón. El hombre se ‘sacrifica’ él mismo a la diosa de la noche; sin dioses y abandonado a su querer humano demasiado humano él mismo se precipita al recipiente lunar: un espejo que refleja su propia desgracia. Un espejo ‘humeante’, una imagen de un hombre ‘incompleta’, desmembrada, como Quetzalcóatl en su momento: un hombre feo, borracho, viejo. Un hombre-conejo que no se deja atrapar por las huellas de lo sagrado, que corre voluntarioso a los brazos de la noche. Y según una viejita sabia: el ser ‘conejo’ es el destino del ser del hombre.
Pero el hombre no es capaz de mirar su propia oscuridad. La oscuridad de la estrella de la aurora, la oscuridad de la luna, la oscuridad de la tierra. El hombre mismo se decapita y se arroja desmembrado hacia el suelo, ‘vencido’ por su propio destino. Es él mismo prisionero, cautivo, vencido, y sacrificado.
Sólo hasta nuestro tiempo se nos ha develado la diosa luna, “la de los cascabeles en las mejillas”, su desocultamiento no es una coincidencia no es un azar. Pero este acontecimiento no es ajeno de aquel acontecimiento que hizo posible el surgimiento de El pueblo del sol. El imperio azteca no es como cualquier otro imperio, la poesía fundante de su pueblo permanecerá mientras el mundo sea mundo, no es sólo una cultura ‘más’ entre otras descrita por la antropología tradicional que no hace más que encontrar datos, información, etc., misma que termina en un cúmulo de proposiciones ‘historizantes’. La historia es más que lo que hoy llamamos lamamos logos , la historia es aquello que se apropia, y que hace comprender el sentido esencial del ser del hombre. Que la diosa se nos haya develado en su esencia significa por un lado comprendernos como aquel hombre sacrificado que no tenía sangre ni corazón. Por otro lado, los hombres sin dioses nos hemos dado cuenta que hay algo que falta, eso que falta es aquello sagrado que oculta la diosa Coyolxauhqui con relación al corazón del hombre. De la diosa sabemos cómo, furiosa, quería matar a su propia madre y cómo, con una serpiente de fuego, fue impedida y decapitada por su propio hermano. Es un evento, sin embargo, que ‘justifica’ todo dolor, santifica la existencia. La diosa luna es terrible, pero, como todos los dioses, divina. Por tanto, un evento de esta magnificencia es un evento trágico. Es un evento que para verlo se tendría que no ser cristiano, es decir, ni a misa, ni al rosario, ni a la boda, ni a los quince años, ni al bautizo, ni de broma, ni por sociabilidad, ni por compromiso, ni por nada. Significaría resolverse en la existencia misma, es decir, con la muerte, con el dolor, con el corazón, en una palabra, con la verdad.
Mientras no nos apropiemos la historia misma, los aztecas, principalmente, sólo serán vestigios antiguos de lo que un día fue, sólo será una cultura más que suena muy interesante, pasada. Sólo será un lejano recuerdo del que los mexicanos se sienten muy, pero muy orgullosos. Cuando la historia se apropia se va del futuro al pasado, del pasado al futuro. Pues, cómo es posible enarbolar a los antiguos aztecas nosotros hombres desperdigados por el piso, nosotros hombres sin dioses que no están prestos a lo sagrado.
El único tesoro que nos heredó el último emperador azteca Moctezuma fueron las flores y el canto, para desenterrarlo tenemos que leer desde el futuro lo que ha pasado, es decir, comprender lo que un día nació, emergió, como una flor: la grandeza de un pueblo histórico, por tanto lo que un día fue está delante de nosotros dentro de lo posible. Los hombres actuales no conocen nada sobre el dolor, ni la muerte ni el corazón.
La poesía azteca va más allá de lo que muchos podrían pensar, no se trata de retornar a adorar el sol sacrificando hombres, se trata de comprender lo que significa destino.
Fecha: 02/10/2008 21:12.
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Autor: raymundo rosales villegas
Con agua riego las flores,
sólo prolongo mi dolor,
sólo prolongo mi muerte,
¡Se secan las flores en la tierra!
Fecha: 06/10/2008 23:08.
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Autor: raymundo rosales villegas
La diosa Coyolxauhqui nos ha descubierto, ella ha sido la que nos ha descubierto a nosotros mismos. Pero, qué nos parece decir la diosa al descubrirnos:
“Qué no saben quién soy… busquen, indaguen, vayan, en los códices, en los montículos,… porque estoy en todas ‘partes’.”
Vamos a ver si podemos ir paso a paso. Si partimos de que la existencia es un solo evento podríamos quizá, comprender que ‘es’ lo mismo.
Calurositos estábamos adorando a Dios, ese Dios de origen judío que occidente sembró por todo el mundo, como pulgas.
Después de los griegos, después de la gran Roma de César, occidente adoptó al Dios judío; siendo así, la historia, la metafísica, la filosofía, occidente, siguió esa la senda. El Dios de los judíos llámese como se llame, pasó a ser fundamento, causa, origen, etc. para todos los pensadores que determinaron su estructura, su forma y contenido. Es decir, como ahora nos llega: testigos de Jehová, católicos, mormones, evangelistas, cristianos, la casa del séptimo día, etc., etc., etc., que nosotros a la vez lo adoptamos por tradición. Aún los que se dicen ateos tienen maneras de ser que no son ajenas a los que supuestamente sí profesan, aunque no quieran o crean son parte de la tradición cristiana. Desde la filosofía, todas esas sectas occidentales, incluido el catolicismo, tienen el mismo origen. Un fundamentalista, en cambio, tal vez sí nos parezca un poco distante.
Ahora, ese Dios no sólo es el ‘más allá’ de la religión occidentalizada judía o cristiana, sino también es el ‘más allá’ de la ciencia; la palabra Dios fue, desde la filosofía, el fundamento de la justicia, el fundamento de la realidad, el fundamento de las categorías y de la razón. Por ejemplo: la objetividad. Se pone al hombre y al mundo como algo distinto, se pone al hombre y al mundo como algo que se junta, etc. esta versión de “Dios”, a propósito, tiene gran éxito en los llamados países Inglaterra y Estados Unidos o, como les gusta llamarse, América.
1. “Primero” (todo es parte de lo mismo) el mundo griego, la filosofía y la poesía conjuntas: Heráclito y Parménides. Sófocles y Esquilo.
2. Pero, todavía en el mundo griego, la filosofía y la poesía pasa a ser asunto de dialéctica y comedia. Siendo así, el asunto de la verdad, del hombre, del ser, toma la senda de la Razón, lo que el fantasma de Sócrates llama dialéctica, lógica; lo que Platón llama idea; lo que Aristóteles llama animal racional. Con esto se patentiza un “Dios”, o al menos así se comprendió, no sabemos si se debió al tipo de hombre que venía. Seguramente que sí.
3. Entonces, como unos verdaderos sofistas, los romanos adoptan a los griegos, se inspiran en los griegos, ‘usan’ el lenguaje y como todo un imperio moderno crean instituciones, derecho civil, carreteras, etc. (aunque no todos).
4. Llega Jesús de Nazaret y aplasta a Roma. Su doctrina de la ternura seduce como un sofista a los romanos y a sus problemas. Pero, la historia de occidente adquiere el mismo matiz que se venía dando con los Sofistas, con el fantasma de Sócrates, con Platón y con Aristóteles. Es decir, persiste el mismo “Dios”.
5. Dios, la edad media, Agustín y Tomás, razón y fe, seudociencia.
6. El hombre, ciencia, modernidad, Descartes, Kant, Hegel, seudocristianismo. Pero, aquí pasa algo extraordinario: “la muerte de Dios”. Lo que existe, si existe guarda el sello de la muerte. El “Dios” que se había patentizado con el fantasma de Sócrates, Platón, Aristóteles, increíblemente ha muerto. Un filósofo que quedó loco fue el ave mensajera de tan terrible noticia: Nietzsche. Pero, cómo, así nada más y de repente?
7. La época del nihilismo: el más allá que nos consolaba, el progreso que nos aseguraba, la ciencia que todo curaba, todo ello se desmorona. Ahora, cada quién tiene un dios particular, pero ya nadie desea mover montañas. La ciencia y tecnología sirve para lo que sea, todo es un negocio, todo se disecciona: se le levanta la falda a la naturaleza sin miramientos para estudiarla con un bisturí y una lupa, con una maquinita. Y, el calentamiento mundial no es capaz todavía de detener a la maquinita.
8. Cuando el loco de Nietzsche anuncia la muerte de Dios, dice: ‘Dios ha muerto y lo hemos matado nosotros’. Esto quiere decir: por un lado que nosotros hemos ‘utilizado’ el lenguaje para crear mundo, utilizarlo como una herramienta para expresar algo como si fuera el ‘yo’ o el sujeto algo ajeno al mismo lenguaje. Como si por un lado un sujeto y por otro un objeto: el lenguaje.
9. Por otro lado, quiere decir que, esto de ‘utilizar’ al lenguaje para crear mundo ha acabado ya. Ya no más. Lo que comenzó con Platón HA CULMINADO. Lo que Nietzsche y Heidegger han descubierto es que la verdad es algo que está oculto y que el hombre no puede crear arbitrariamente un mundo. Parece ser que esto ha llegado a su culminación, es decir, ha acabado, todo lo que resta de ello es mera inercia.
10. Necesariamente se vuelve hacia atrás, al quedarnos con nada, con la mentira del paraíso, con la mentira del progreso, todavía en la ‘en la inercia’, volvemos nuestros ojos a la última llama de lo originario. Por eso podemos decir que los hombres de la época somos la inercia de lo que ya no es y, por otro lado, somos eso que comienza pero que ‘todavía no es’.
11. Con la muerte de Dios nos comprendemos como la inercia de lo que ya no es y, por otro lado, el inicio de lo que ‘todavía no es’. Este comienzo es la ‘fórmula’ del señor Heidegger que dice, parafraseándola: ¡dejad que las cosas vengan a nosotros! Y pongámoslas en consideración. Esta ‘formula’ está dicha en aquel sentido que ya hemos estado insistiendo: el acontecimiento. Habiendo roto con el idealismo de Platón o con la fórmula o la estructura moderna sujeto-objeto de Descartes, hemos roto también con la comprensión típica de la verdad como correspondencia que hasta en el mundo cotidiano estaba expresa.
12. Cuando los poetas, como nuestro ‘príncipe Nezahualcóyotl’, poetizan, son llamados por el sol, o como Quetzalcóatl antes de transfigurarse en la estrella de la aurora. El rey, ‘serpiente emplumada’ no sabe porqué, sólo es llamado. El semidiós tiene que ir a adquirir saber a la Tierra del color Rojo. ¡Debo ir!, dice al mago, ¡soy llamado! De la misma forma el lenguaje originario, no sabemos porqué nacen las palabras como desde nuestro interior, pero ese interior sólo es una manera de hablar, como el interior del cielo, porque no es que si se encuentre ante los ojos. También por ahí apelamos al poema del príncipe chichimeca: ‘Percibo lo secreto, lo oculto’, este percibir refiere a aquello oculto que no se nos descubre tan fácilmente: la muerte, el dolor, y el amor, son determinaciones del ser del hombre que ni el cristianismo, ni la ciencia, han podido hablar de él originariamente. Esa parte oculta de la verdad se ha olvidado, dice el filósofo más grande del siglo XX, Heidegger. Esa parte oculta de la verdad está puesta sobre la mesa para reflexionar-poetizando sobre el ser del hombre en la tierra. Parafraseando a un poeta azteca: ‘Como si sólo entre las flores te buscáramos’, aquello oculto es aquello que llama, aquello a lo que pertenecemos: la Región del misterio. Lo oculto del lenguaje es sustancial y ya llegará quien dedique su vida en ello.
13. Hemos referido la historia de los griegos, pero pudimos haber comenzado desde los Aztecas. A ellos son a quienes los dioses abandonaron, con la ‘Malinche’ comienza la hora de la oscuridad y el olvido del poetizar, ese lenguaje cotidiano. Recordemos que nuestro lenguaje está atravesado por la existencia griega. Sólo desde él podemos acercarnos a los aztecas. Pero recordemos otra vez que sus poemas hablan como a través de nosotros.
14. La época de la oscuridad, la época de Coyolxauhqui…
Fecha: 07/10/2008 00:16.
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Autor: raymundo rosales villegas
Como una plantita, como una hierbita...
Fecha: 07/10/2008 00:19.
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Autor: raymundo rosales villegas
Hay muchos hombres que hablan de cómo la obra del artista nace como nace una flor, de cómo el ‘diálogo’ nace como un fruto. Cada charla cosecha un fruto de lo oculto. Lo oculto se queda intocable, lo oculto es esencial en la verdad. Lo oculto sale a la luz permaneciendo oculto. El artista es descubridor de enigmas, es como la madre-padre de las palabras, enseñan a mentir a las cosas. De la misma forma, el ‘lenguaje originario’ nace con la misma necesidad con la que una mujer va a parir un hijo. El lenguaje originario es necesario, n-e-c-e-s-a-r-i-o. La necesidad que sobrepasa a la voluntad humana, que sobrepasa cualquier conocimiento del hombre sobre el mundo. La necesidad que hace ver al hombre como un ser efímero. Es la necesidad misteriosa y oculta que echa por tierra todo proyecto humano. Frente a este ímpetu originario el hombre no es nada. La muerte, por ejemplo, es un evento necesario que nos sobrepasa. Nuestro príncipe ya lo dice: “La amargura predice el destino”.
La modernidad, en cambio, se caracteriza por su lenguaje entendido como un lenguaje emitido por un cerebro; que el cerebro se estudie a sí mismo significa una tautología que está destinada al desuso. Está destinada al desuso porque obedece a la voluntad humana que todo lo quiere controlar, que todo lo quiere dominar. El hombre que no obedece a la necesidad comprendida como naturaleza está destinado a perecer por su propia mano, a perderse entre sus heces, entre sus orines.
El hombre moderno busca satisfacer los deseos particulares, voluntariosos, siendo así cree haber cumplido una tarea humana, humanista. Posee el poder para ser el señor de la tierra. El hombre cristiano o moderno busca seguridad porque tiene ‘miedo’. El miedo lo lleva a buscar dicha, felicidad, armamento, conocimiento, pero, según la enseñanza del padre-madre náhuatl a su hija, ‘en la tierra no hay felicidad, en la tierra hay angustia, es un lugar de mucho dolor’. Intenta violentar una realidad ficticia, no puede resolverse en el hecho de que todo lo que ocurre está destinado al fracaso, esto es todo. No estamos pre-parados aún. Pero, somos capaces de señalar lo esencial, somos parte de ello en el sentido de somos como humanos, como humanos que no somos dueños de un rostro ni de un corazón (palabras tan recurrentes en nuestro amigo León-Portilla).
A raíz de la oscuridad, el hombre no es capaz de comprender el dolor. Tenemos miedo a la muerte sin comprender nada de ello, tenemos miedo de algo que no sabemos qué es pero que es mejor no pensar porque causa miedo. El miedo a algo. Miedo a…
La gloria del mexica era no tener miedo a la muerte, la muerte, esa parte oscura del hombre, esa raíz del hombre que llega hasta la Región de los muertos, esa parte oscura de la luna que interpela su pavor, esa parte oscura de la tierra que interpela su mortalidad., polvo del polvo.
Todo en la tierra está proyectado al fracaso, esa es una verdad difícil de comprender, es una verdad necesaria que no tiene que ver ni con el pesimismo ni con el optimismo.
Es una verdad divina.
Fecha: 07/10/2008 20:46.
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Autor: raymundo rosales villegas
Por qué no podemos dejar que nuestros príncipes poetas nos gobiernen. En primera, porque aún no ha llegado ese tiempo, es demasiado pronto para comprender que ya la necesidad está actuando aquí. La palabra originaria, como dice Coé con relación a la diosa, habla por sí misma, por eso siempre tendríamos que estar atentos a las señales que resguardan lo sagrado, pero, ese es un trabajo para el poeta. En segunda, porque no estamos a la altura ni para comprender, ni para obedecer. No tenemos, todavía, el derecho a tener un príncipe. Tenemos que conquistarlo, pero, la inercia de la diosa Coyolxauhqui nos lleva hacia nuestros deberes más in-esenciales.
Uno de los inconvenientes más importantes que podrían ponerse sobre la mesa es que no queremos escuchar. Partimos de que creemos que sabemos, e inmediatamente nos cubrimos los oídos. Es más, creemos que lo que hacemos está haciendo historia, como si la historia fuera hacer un libro, dar una conferencia, un seminario, descubrir un monolito, etc., todo ello está amontonado en esa montaña de conocimientos que cada día parecen extenderse más y más, como una pirámide de información. Estos conocimientos todavía poseen el rasgo de lo in-esencial. Pero, “La noche de los quinientos años”, escuché por ahí, ha terminado. Indígenas, mestizos, criollos, y demás híbridos todavía guardamos el mismo carácter torcido que el de “los enviados de los dioses”, nosotros también como monos nos ponemos cuando vemos el oro, nuestro destino es ser la inercia de esa noche. Occidente desplegó su noche por el mundo entero. Los enviados de los dioses fueron enviados por los dioses de la noche, de la niebla. Hombres jadeantes de oro, jadeantes como la mujer luna. Y nosotros somos los descendientes de esa noche, los descendientes de esos como humanos jadeantes, de los enviados de los dioses.
En pleno esplendor, los dioses nos abandonan. Este abandono es necesario, esta oscuridad es tan necesaria como el esplendor. Cuando los enviados de los dioses arriban a América, ya traían la noche consigo. Pero, cuando decimos que la noche de los 500 años ha terminado, decimos que la noche ha culminado. Ahora es posible ver el pasado y por eso el futuro o ver el futuro y por eso el pasado.
Culminan los aztecas al mismo tiempo que occidente se proyecta desplegar o completar su noche por la tierra entera. Ahora es posible verlo. Antes, torcidos como cristianos o modernos era imposible. El mundo poético de hace 2500 años de los griegos o el mundo poético de hace apenas 500 años se nos ha descubierto como una tarea, como dice, el filósofo Nietzsche, que está ‘inacabada’.
Estamos comentando. Y en esto hay algo que quisiera resaltar. Hay un antropólogo que dijo algo así como que ya ‘el mito de Coyolxauhqui está bien sabido’ --que es el mismo que el de Coatlicoe, o el de Huitzilopochtli. Quizá tenga razón de la manera como se dice:
La hija y los hermanos quieren matar a ‘su propia madre que está preñada por lo divino’; pero, para la hija y sus hermanos el feto es un bastardo; de repente, ‘el bastardo divino’ nace siendo un guerrero y se enfrenta con ellos; le corta la cabeza a su propia hermana, y sin compasión, mata y arrastra a sus cuatrocientos hermanos hasta el sur.
Suena simple, pero, nos son proposiciones historizantes, ni mucho menos proposiciones científicas. Es poesía. Y como tal las palabras esconden la verdad de lo que quieren decir. Para comprenderlo se necesita no ser ni creyente ni ateo. Ni cristiano ni moderno. Nos falta mucho por recorrer, pero hemos comenzado ya.
La visión trágica del mundo es una visión originaria del mundo que apenas si la estamos recordando, es difícil de comprender porque, como hemos insistido, somos todavía esa inercia del cristianismo, esa inercia de la modernidad. No sabemos cuánto durará esto ni qué nos espera. La humanidad entera está en peligro de desaparecer por completo, pero, como decíamos, es mejor jugarle a eso que seguir siendo cristianos o modernos.
Un amigo, Beto, me dijo un día que México es la Matriz del Mundo. Lo único que puedo imaginarme en esta larga noche es que los poemas de los 15 poetas aztecas y demás, salgan a la luz al mundo como algo verdaderamente grande.
Cortés y su rey son unos conquistadores en la historia de España porque la perspectiva regionalista de la mayoría así lo entiende, pero, para los que ven más allá del ver, estos hombres, precisamente por su sed de oro, o por su religión de Cristo, etc., son hombres sin grandeza. Y, si se han vuelto inmortales no ha sido por ellos, sino porque están a lado de algo que todavía alcanza a brillar, de algo que no es oro, que no es Dios…
Cortés y los españoles son como los tlaxcaltecas... sólo fueron testigos de algo grande. Y algo grande por ejemplo es Napoleón.
Fecha: 09/10/2008 20:54.
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Autor: raymundo rosales villegas
Bibliografía ‘necesaria’:
Griegos:
Heráclito
Parménides
Alemanes:
Hölderlin
Nietzsche
Heidegger
Mexicanos:
El príncipe Nezahualcóyotl
Y 14 poetas aztecas más…
He sido muy repetitivo, pero sólo charlo conmigo mismo.
Fecha: 09/10/2008 21:00.
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Autor: raymundo rosales villegas
bibliografía n-e-c-e-s-a-r-i-a:
GRIEGOS
Sófocles:
"El destino del hombre es morir" (Electra.
Esquilo:
"Pero el saber es más débil que la necesidad" (Prometeo encadenado).
Heráclito:
"No me escuches a mí escucha al logos"
"Los perros ladran al que no conocen"
Parménides:
"Lo que es es".
Fecha: 13/10/2008 23:43.